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Torrelavega: inquietud en la ciudadanía

Por Manuel Haro Alcalde

{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}l tiempo transcurre y la ciudadanía da muestras de cierta inquietud. Hay tensión. Se exige más de lo que se está mostrando. Los plazos avanzan y la economía no despierta. El trabajo brilla por su ausencia. La tensión vuelve a los plenos. Y mientras esto ocurra, daremos pasos de cangrejo.
Ahora las cosas se complican aún más con la incertidumbre sobre el futuro de la finca del Asilo, destinada a una residencia que, según parece, va para largo.
En este sentido, hemos requerido información y la conclusión a la que hemos llegado es que sí habrá residencia. Otra cosa es cuándo y en qué condiciones, porque el condicionante es el mismo: falta de dinero. Pero es lógica la incertidumbre. El futuro de muchas personas va a depender del centro de acogida donde hallar los cuidados cuando sus familiares hayan desaparecido. Se está tratando de encontrar soluciones adecuadas para que el proceso de urbanización y posterior gestión, no se detenga. Mientras tanto, los colectivos directa e indirectamente afectados, tampoco deben descuidar su vigilancia, para que no haya “despistes”.
Al equipo de gobierno, le ha salido otro “grano”: la utilización del nuevo campo de “El Malecón”. Se está elaborando un contrato de explotación que, a juzgar por la reacción de las peñas, es inasumible. Desconocemos lo que piensa la Junta Directiva de la Gimnástica, usufructuaria de la instalación, aunque es de suponer que estarán a la espera de la decisión del Pleno que se celebraba en el momento de escribir éstas líneas.
Aquí entra en juego también la economía. Parece que hay desencuentro entre las partes a la hora de repartir derechos y obligaciones. Y tengo la sensación de que el acuerdo va a ser complicado. También entran en juego los grupos políticos representados. Los populares están en minoría, frente a socialistas, regionalistas y ACPT. Y aquí es dónde se producen dudas, porque ante la cómoda postura de la abstención, hay quien se “moja” y hay quien no. Y así, es complicado concretar acuerdos.
A todo esto, se incrementa la cada vez más larga espera de una opción de empleo. Un trabajo que no llega. Muchos jóvenes desesperados. Sobre todo, aquellos que se han sacrificado, ellos y sus padres, para acceder a una formación que, de momento, no tienen dónde desarrollar.
Mucha inquietud es lo que se respira. Algo tan generalizado como preocupante, porque las expectativas no son nada halagüeñas. No hay más que echar un vistazo a los datos del INE. Vamos camino de los 5,5 millones de parados, con una tasa de desempleo del 22,9%. Y lo peor: los analistas hablan de 6 millones de personas que estarán sin trabajo a final de año. Para temblar.

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