EDITORIAL-. Jefes de prensa, dinero público y prevaricación

Jefes de prensa, dinero público y prevaricación (C) ESTORRELAVEGA
Jefes de prensa, dinero público y prevaricación (C) ESTORRELAVEGA

A la hora de manejar el dinero público hay que tener una especial pulcritud, para que no queden dudas de arbitrariedad o amiguismo a la hora de la gestión. Es como si una empresa privada despidiera a un empleado por cargar gastos personales a la empresa, pero con el agravante de que el dinero público podría entenderse como una entelequia moral de mayor altura que el dinero privado, al afectar al conjunto de una sociedad que presume de ser moderna y transparente.

El dinero público posee la extraña cualidad de no ser de nadie en concreto, pero al tiempo es de todos, lo cual engloba que son todas nuestras manos quienes trabajaron para lograr ese dinero, lo cual debería llevar acarreada una alta dosis de limpieza, objetividad y transparencia en su manejo, para cumplir con la alta moralidad que indicábamos más arriba.

Así, cuando un cargo público contrata a un Cargo de Confianza, esto es, para que nos entendamos, un enchufado (o enchufada) sin mayores méritos profesionales que la (en ocasiones rastrera) fidelidad a unas siglas, se debe velar por el reparto objetivo de “los dineros”, no vaya a ser que tomar cafés con los beneficiarios sea algo más que una casualidad y se convierta en una causalidad que da origen a los contratos por el método digital, esto es, “a dedo”. Cuando esto ocurre, es lícito pensar que hay actitudes que van más allá de lo antiestético para convertirse en inmorales y que pueden, y deben ser, como mínimo, investigadas y quién sabe si también sancionadas con su correspondiente castigo.

El nepotismo como forma de administración de los recursos, y también como forma de prosperidad empresarial, debe ser erradicado, y ese “cierre del grifo” es una corriente demandada con fuerza en la sociedad actual, que ya no tolera actitudes del pasado.