Entrevista

«Se está realizando una intensa labor cultural, pero no siempre el público sabe apreciarlo»

Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959) es una figura clave en la cultura de Torrelavega y Cantabria, gracias a sus intensas facetas de editor, poeta, crítico literario y gestor cultural.

– ¿Cómo está la cultura?

Se está realizando una intensa labor cultural, pero no siempre el público sabe apreciarlo. Paradójicamente, a pesar de la demanda de actividades culturales, a muchas de ellas asiste un público muy reducido.  Quizá sea necesario replantearse los contenidos o los espacios en los que se celebran. En Torrelavega, por ejemplo, hay una cierta resistencia a desplazarse a un lugar tan atrayente y con tantas posibilidades como el CNFoto y no entiendo bien el porqué, ya que está a cinco minutos del centro y goza de aparcamiento gratuito.

– ¿Qué inquietud tienes por la cultura?

La cultura es necesaria para el desarrollo completo del ser humano. Es el alimento del espíritu, frase añeja pero de absoluta vigencia. En mi caso, toda mi vida se desarrolla alrededor de la cultura. El hecho de escribir poesía está íntimamente relacionado con la lectura, pero también con mi labor como crítico literario o con la de editor -actualmente ejerzo como director literario de la editorial Calambur-, labor en la que me ocupado ya de más de cien títulos. Pero mi interés no se limita a la poesía, tengo en marcha dos libros, uno de ensayos literarios y otro de un género que podemos denominar como híbrido pues está integrado por relatos, por entradas de diario, por poemas en prosa, por ensoñaciones, etc. Además, como sabes, mantengo una estrecha relación con el mundo artístico: Comisarío exposiciones. Ahora mismo se puede contemplar una del excelente fotógrafo Joaquín Puga, en la Casa de Cultura “Hermilio Alcalde del Río”. Son retratos de poetas y estarán expuestos hasta el 31 de agosto. Incluso yo mismo he hecho dos exposiciones de “collages”, una en la sala de El Torco de Suances, de la mano de Cristina Lobato, y otra en la Librería DLibros. Sigo trabajando en ellos, si bien de forma esporádica, por la falta de tiempo, pero es una ocupación que complementa de forma sorprendente la escritura y me siento muy cómodo componiéndolos.

– ¿Cuántos libros has escrito y cuántos has editado o colaborado para su edición?

A lo largo de casi 35 años dedicándome a la escritura -mi primer libro, “Doureios Hippos” (Caballo de madera) apareció en 1987 y, por cierto, fue presentado por Leopoldo Rodríguez Alcalde en la Casa de Cultura, lugar en donde he presentado mi último libro, “Aflicción y equilibrio”, el mes pasado, esta vez de la mano de Guillermo Balbona y de Javier Menéndez Llamazares– he publicado quince títulos, no todos de poesía, y varias “plaquettes”. No soy un poeta especialmente prolífico. Me gusta dejar que pase un tiempo prudencial entre un libro y otro aunque a veces, por motivos estrictamente editoriales, hayan visto la luz algunos títulos, pese a estar escritos con suficiente distancia temporal, con una diferencia de pocos meses.
La poesía está llena de paradojas y no es la menor intentar decir lo inefable, lo inexpresable, lo impreciso con una herramienta como el lenguaje, que está plagada de imprecisiones y de dobles sentidos, por eso resulta obvio redundar en que toda la literatura, incluso la poesía, es ficción. En el mismo momento en el que el poeta trata de decir la verdad, su verdad, está ya inventado. “También la verdad se inventa”, decía Antonio Machado.

– Entonces “el poeta es un fingidor”, como dijo Pessoa

Sí, sí, por supuesto. hay muchas formas de expresar poéticamente la experiencia, pero incluso cuando practicas una poesía de tono confesional como la mía, en la que la autobiografía es el telón de fondo, lo que escribes solo es una parte de tu verdad como poeta, verdad que busca la verosimilitud, es decir, que lo que cuentas sea creíble, dejando al margen si se ajusta o no a lo verdadero. Verdad y verosimilitud no son términos incompatibles para el poeta.

– ¿Qué influencias tienes?

Uno, quiéralo o no, está influido por lo que lee . Es muy posible que si yo no leyera no hubiera escrito una palabra. Pero si tuviera que mencionar a autores a los que leo con devoción me inclinaría por Luis Cernuda, por Pedro Salinas y por el Juan Ramón Jiménez que nace a partir de “Diario de un poeta recién casado”. En cuanto a la poesía extranjera, hay una serie de nombres para mí fundamentales, como son W. H. Auden, Elisabeth Bishop, Robert Lowell, Philip Levine, Marianne Moore o Robert Hass entre los anglosajones. Pessoa es una lectura recurrente, como lo es Montale o algunos poetas sudamericanos como José Watanabe o Rafael Cadenas.

– ¿Guardas muchas cosas en apuntes que escribías hace tiempo?

Tengo muchos apuntes guardados, algunos pasados a máquina, pero están en un archivo aparte. Soy un poeta que corrijo mucho lo que escribo, una vez que lo ves en libro entiendes que hay cosas que no funcionan, y corrijo mucho para cuando se incluyan en alguna antología.

– Escribiste un libro de haikus después de haber criticado los haikus…

No soy un fiel seguidor de este género. Me ocurre lo mismo con los aforismos. Creo que hay una saturación de ambos. “Tiempo vivo” recoge una colección de haikus y otras formas breves que publiqué animado por algunos amigos. De hecho, iba a ser un libro no venal, una edición para amigos, tal y como consta en la portadilla interior, con la que pretendía celebrar mi sexagésimo cumpleaños.. Al final, opté por presentarlo y, consecuentemente, ponerlo a la venta. Esta aparente contradicción no hace sino reivindicar precisamente eso, el derecho a contradecirse que tiene todo ser humano.

– Como gestor cultural ¿qué reclamarías a las instituciones?

Creo que, por parte de las instituciones, se está haciendo un gran esfuerzo por recuperar la cultura después de la terrible tragedia que, lamentablemente, aún estamos sufriendo. Sin embargo, hay cosas que mejorar. En el ámbito más particular del libro, desde las instituciones hay que promover la compra de libros a las librerías locales con promociones que hagan desistir al lector de elegir la compra a Amazon. No es fácil, pero tenemos que reinventarnos. Quizá si se organizaran lecturas itinerantes de poetas y escritores por bibliotecas, centros culturales y centro educativos, facilitaríamos el contacto del lector con el autor, algo que, sin duda, beneficiaría ambos.

Las ferias del Libro cumplen, en parte, ese propósito, como hemos podido comprobar en la reciente Feria del Libro de Torrelavega, que gracias al apoyo constante del Ayuntamiento de Torrelavega, hemos celebrado este año tan difícil con gran éxito.

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