«La mar está fresquibiris»

EDITORIAL -. «La mar está fresquibiris» es una canción que aparece en la película española “Pierna creciente, falda menguante”, una curiosa canción que ha sido popularizada más de treinta años después por la serie “La que se avecina”, a través del histriónico personaje de Estela Reynolds. Como símil marinero, nos encaja para trazar una breve instantánea de la reciente actualidad política de Torrelavega.

«De color bien, pero no flota», decía Gila, el gran maestro del humor, aunque la comparación marinera, en forma de barcos cristalizados en los 102 municipios de Cantabria, se nos queda un poco limitada, más si tenemos en cuenta que el uso de palabras como «piratas» no encaja demasiado cuando hablamos de formaciones políticas legalmente constituidas y de funcionamiento interno democrático. Otro detalle más a tener en cuenta es que, cuando se acusa a los demás de «piratería», conviene antes mirar si no hay ninguna viga en el ojo propio, conviene saber si todo está en regla, legalizado, antes de buscar la paja en el ojo ajeno y acusar a otros de «piratería». Lo llaman coherencia, el punto de partida de todo buen texto de ficción.

En ocasiones puede ser preferible un barco a la deriva que un barco con un mal capitán en el timón.

Por otro lado, tampoco son adecuadas expresiones como «cordón sanitario», referidas también a partidos políticos igualmente legales y con votos suficientes para tener representación municipal. Un matiz: cuando se entra en política, la motivación principal debe ser siempre servir al ciudadano, no servirse para espurios propósitos particulares. Si esa entrada en política se produce con intenciones interesadas, lo mejor, lo que ahora reclaman los ciudadanos, ya hartos, es abandonar la política.

La política, especialmente la municipal por su bronca cercanía, por el roce continuado de genes incompatibles, tiene momentos encendidos, momentos en los que las aguas, lejos de estar «fresquibiris», bajan revueltas y calientes. Sin embargo, en aras de la caballerosidad y el respeto mínimo necesarios para la actividad política, en ocasiones conviene rebajar el tono, para no convertir la política en «una mutua humillación de madres», como también afirmó el genial Gila.