


Opinión / Firmas
Opinión / Firmas (Tribuna libre)
La gallina ciega | La gallina ciega |
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| jueves, 11 de marzo de 2010 | |||||||||||||||
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Escrito por Justino Sánchez Gil, Secretario General comarcal del sindicato USO Saja-Besaya
Q uizá el maestro se sorprendería al saber que una de sus pinturas más famosas, "La gallina ciega", cobraría plena vigencia y simbolismo en su sufrida España un siglo más tarde. No resulta difícil situar en el lienzo de Francisco de Goya, a un apurado Zapatero, ojos vendados y garrote en ristre, en medio de un corro de esquivos ciudadanos, que agarrados de la mano, intentan evitar el efecto en sus cabezas de sus garrotazos.
El primero, en la frente, fue directo a la educación; la competitividad y el empleo fueron seguidos, luego la amenaza de garrotazo a los confiados trabajadores que dan los últimos giros en el corro de su vida laboral mediante el pensionazo; le sigue una subida de impuestos que va a dejar más chinchones todavía a las clases sociales más desfavorecidas. Las viudas en capilla. Los acontecimientos parecen precipitarse. Después de muchas y entretenidas vueltas repartiendo memorias históricas aquí, alianzas de civilizaciones por allá y siempre con un buenismo a cuestas tan infantil como ridículo, los mercados internacionales le han bajado la venda para que contemple el paisaje de su gestión, un país con su crédito en caída libre y con más de cuatro millones de ciudadanos parados. El problema viene cuando asustado por la visión, y convencido que todo es fruto de un contubernio exterior, con una mano se ha vuelto a subir la venda y con la otra se prepara para repartir castañas sin ton ni son. Y esto a los españoles nos suena familiar. En el ámbito más cercano, más de lo mismo. Un presidente regional empeñado en ser para los cántabros ese amigo simpático y bonachón que todos quieren tener para irse de farra, ya que siempre te dice lo que quieres oír, pero que nunca pondrías un negocio a medias con él. Por otro lado, una vicepresidenta con un crédito político cada vez más mermado con dedicación exclusiva en labores de fontanería de un sistema que haces aguas por cada metro de cañería. Cualquier solución pasa por generar confianza y credibilidad, condiciones principales para la gestión de un sistema social con un mínimo de garantías de viabilidad. Y mucho me temo que estas dos condiciones son y serán ajenas a quienes obstinadamente se niegan a ver la realidad que le rodea. No creo que resulte catastrofista decir que en estos momentos todos nos jugamos mucho y qué o cambiamos mucho el paso o daremos tantas vueltas como coscorrones recibiremos. Y la manera más democrática de cambiar rumbos fallidos son las elecciones anticipadas. Más temprano que tarde la gallina ciega acabará perdiendo la venda, pero si esperamos mucho nos dejará a una mayoría desplumados. Cite este artículo en su sitio
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En mi caso, por desgracia, conozco varios desempleados que no solamente no irán a las manifestaciones, sino que además tampoco participan nunca en ninguna manifestación o concentración por el empleo y en reivindicación del derecho al trabajo. Las excusas que me ponen cuando recrimino su actitud son múltiples y muy variadas, pero en definitiva todos prefieren ir a hacer alguna compra al Zara o al Carrefour mientras fluye la manifestación a sus espaldas. Es mucho mejor hacer los recados que sumarse a las reivindicaciones, por supuesto. Ironías aparte, es curioso ver cómo está anestesiada la población, que no despierta más que para coger el mando a distancia de la televisión y cambiar de un canal a otro, para seguir viendo desgracias ajenas o muñecotes que exponen sus miserias por unas moneditas en televisión.
Los sindicatos, en términos generales, con el paso del tiempo se han ido deteriorando y a día de hoy no son, ni de lejos, tan cristalinos ni reivindicativos como deberían ser, pero no se puede negar la importancia vital que tienen en el contexto actual, y también la importancia que han tenido en la mejora de los derechos laborales en el pasado. Su papel es fundamental ahora para proteger las mejoras, frente a la nueva ola de destrucción de todo lo ya conseguido que imponen los mercados.
Los mercados han puesto en marcha, tras una crisis financiera y económica creada por ellos mismos, una enorme maquinaria de destrucción de derechos, que tiene a los trabajadores como uno de sus objetivos fundamentales, entre otros. Esta maquinaria de los mercados, sin embargo, está lejos de ser perfecta, y como siempre sucede, será la gente, será el pueblo, quien decida si se deja pisar por los engranajes del monstruo del mercado, o si por el contrario, se opone luchando contra todo aquel que les quiera quitar sus derechos más básicos.
Una masiva participación, como punto de inicio de esa lucha popular no solamente en esta huelga, sino en todas aquellas concentraciones contra la pérdida de derechos que se convoquen en cada punto del planeta, es básica para una frontal y dura oposición popular contra la pérfida maquinaria de destrucción de derechos.
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Escrito por César Román