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| lunes, 18 de enero de 2010 | ||||||||||
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Escrito por Manolo Haro, periodista
Q uedarse con una imagen de la tragedia de Haití, puede resultar fácil o difícil. Depende de lo que busquemos. El drama se escenifica en miles de rostros asustados, destrozados, hundidos...
El panorama es desolador. La sensación de impotencia no es nada, con lo que deben sentir las víctimas, si es que les queda capacidad de sentir. Eso sería lo terriblemente "fácil", porque escenas hay para no acabar. En busca de lo difícil, aparece una fotografía que, no se si acertadamente o no, ha merecido los "honores" de portada en algún periódico de papel. En ella, dos jóvenes maniatados yacen boca abajo, acribillados a tiros. Y para que no quede ninguna duda, se acompaña de un pie aclaratorio, "justificando" el hecho -¿justificando?-, aseverando que se trata de evitar saqueos, cuando, tal vez, se trate de supervivencia. Pero me quedo con "La imagen". La vi en algún telediario de fin de semana. Me quedé con ella y verán por qué: El Presidente Obama reunió a sus predecesores Bush y Clinton. En principio, extrañaba un poco la imagen. Los tres juntos. Algo así como un compromiso de implicación ante una tragedia que, directa o indirectamente, nos debe afectar a todos. La reconstrucción de un país, considerado el más pobre de América ya antes del terremoto, conlleva un compromiso que el propio Obama encabeza y, a la vista del gesto de los anteriores presidentes, da la sensación de que no van a defraudar. De que están dispuestos a anteponer la condición humanitaria a cualquier interés político. Si la fotografía no se queda en eso y da paso a la accion, estaremos ante un ápice de esperanza y solidaridad que, a largo plazo -la tarea no es fácil-, puede y debe redundar en una recuperación que, insisto: no será fácil. La imagen. ¿Por qué será que, casi sin darme cuenta, me inspira otra que, por el momento, parece poco probable?. Se trata de la que ayudaría mucho a superar la palabra más repetida en nuestro vocabulario en los últimos tiempos: crisis. ¿Se imaginan un acercamiento entre los responsables políticos de nuestro país para, entre todos, comprometerse a "arrimar el hombro", ajenos a constantes cruces de desacuerdos, por decirlo suavemente?. Seguramente que tirando todos del mismo lado de la cuerda, las cosas mejorarían para el bien de todos. Es la foto que nos gustaría. La del compromiso. La que ayudaría a "templar gaitas". En definitiva: "la imagen". Cite este artículo en su sitio
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En mi caso, por desgracia, conozco varios desempleados que no solamente no irán a las manifestaciones, sino que además tampoco participan nunca en ninguna manifestación o concentración por el empleo y en reivindicación del derecho al trabajo. Las excusas que me ponen cuando recrimino su actitud son múltiples y muy variadas, pero en definitiva todos prefieren ir a hacer alguna compra al Zara o al Carrefour mientras fluye la manifestación a sus espaldas. Es mucho mejor hacer los recados que sumarse a las reivindicaciones, por supuesto. Ironías aparte, es curioso ver cómo está anestesiada la población, que no despierta más que para coger el mando a distancia de la televisión y cambiar de un canal a otro, para seguir viendo desgracias ajenas o muñecotes que exponen sus miserias por unas moneditas en televisión.
Los sindicatos, en términos generales, con el paso del tiempo se han ido deteriorando y a día de hoy no son, ni de lejos, tan cristalinos ni reivindicativos como deberían ser, pero no se puede negar la importancia vital que tienen en el contexto actual, y también la importancia que han tenido en la mejora de los derechos laborales en el pasado. Su papel es fundamental ahora para proteger las mejoras, frente a la nueva ola de destrucción de todo lo ya conseguido que imponen los mercados.
Los mercados han puesto en marcha, tras una crisis financiera y económica creada por ellos mismos, una enorme maquinaria de destrucción de derechos, que tiene a los trabajadores como uno de sus objetivos fundamentales, entre otros. Esta maquinaria de los mercados, sin embargo, está lejos de ser perfecta, y como siempre sucede, será la gente, será el pueblo, quien decida si se deja pisar por los engranajes del monstruo del mercado, o si por el contrario, se opone luchando contra todo aquel que les quiera quitar sus derechos más básicos.
Una masiva participación, como punto de inicio de esa lucha popular no solamente en esta huelga, sino en todas aquellas concentraciones contra la pérdida de derechos que se convoquen en cada punto del planeta, es básica para una frontal y dura oposición popular contra la pérfida maquinaria de destrucción de derechos.
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Escrito por César Román